La magia del fuego
Este mes de diciembre comienza el invierno y seguramente tendremos ocasión de disfrutar, bien en casa propia o ajena, de una agradable velada alrededor de un fuego de leña. Este elemento crea un ambiente particular, muchas veces nos vemos atraídos por el movimiento y sonido de las llamas de una forma especial y nos abstraemos de las personas que nos rodean mientras la memoria se activa. Entrar en una casa donde la chimenea se enciende habitualmente nos trae recuerdos a partir del olor que percibimos, no huelen lo mismo los lugares donde el fuego no se enciende habitualmente. El recuerdo de las escenas vividas alrededor de un fuego es algo que las personas de este siglo vamos considerando como algo de un pasado ya lejano. Sin embargo ciertas fibras de nuestro interior se remueven cuando nos sentamos delante del fuego. Nuestros ancestros aprendieron a dominarlo y utilizarlo, elemento que tuvo un papel fundamental en el desarrollo y progresión de la especie humana.
Los antropólogos nos explican como era aplicado para la defensa de las cuevas donde se refugiaban, pronto el hombre aprendió que los animales no se atrevían a atravesar las hogueras que ardían en su entrada. También calentaba, y esto facilitó la supervivencia en momentos donde las temperaturas eran bastante inferiores a las actuales, durante las diversas glaciaciones modernas. Su tercera aplicación fue en la alimentación, al inicio para asar la carne y algunos tubérculos y raíces, pero con la evolución técnica se crearon hornos, los más sencillos simplemente excavados en el suelo, que permitieron cocer el pan y otros alimentos. Seguramente esta dependencia del fuego ha quedado grabada de forma indeleble en nuestros genes y podemos entender la magia y atracción que crea cuando nos acercamos a la hoguera junto a la tienda en la que pasaremos la noche. Las historias y leyendas que se han transmitido a lo largo de incontables generaciones se producían, en la mayoría de las ocasiones, junto al fuego. Los elementos de magia, superstición o brujería han tenido siempre el fuego presente.
Hoy en día la inmensa mayoría de los fuegos que encendemos en nuestros hogares tienen un propósito lúdico y decorativo, ya que la calefacción es parte integral de las comodidades modernas. Ocasionalmente lo utilizaremos para cocinar, carne o verduras a la brasa son las especialidades más populares. Seguro que durante este invierno tendremos la oportunidad de escuchar el crepitar de la leña mientras las llamas saltan y se enroscan tratando de llamar nuestra atención. Dejarnos envolver por su misterio mientras los recuerdos afloran es una experiencia difícil de describir con palabras, hay que sentirla para poderlo entender. Los momentos vividos hace mucho tiempo se presentan de nuevo antes nosotros vívidamente, traídos por las llamas que iluminan esa parte de nuestro cerebro que parecía dormida. Cerrar los ojos y dejar que afluyan puede ser una experiencia que nos relaje y reconcilie con nosotros mismos.
Mi pequeña historia natural
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