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Otoño

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Es el momento del año en el que el cambio de estación es más evidente, los días son más cortos y es posible despertarse una mañana y mirar las cimas emblanquecidas con alguna tímida nevada. Es la estación ideal para realizar algunas de las excursiones más largas por zonas sin vegetación que se hacen muy duras en pleno verano cuando la fuerza del sol es mayor.

Es en este momento del año cuando las especies de aves que no pasan el invierno en el valle de Aran han marchado a sus áreas de invernada, pero las que se quedan así como los animales aprovechan para comer todo lo que pueden para acumular reservas que les ayuden a superar la estación desfavorable. Hay algunas plantas que son objeto de un consumo muy elevado de sus frutos, como los hayucos (frutos de las hayas) o las avellanas, así como los arándanos. Estos ofrecen unos frutos pequeños azulados por fuera y rojizos por dentro, crecen en matas de pequeño tamaño en bosques de alta montaña, a partir de los 1300 metros de altura.

Son días en los que hay muchos buscadores de setas en la montaña, hasta que el frío pone punto y final a esta afición. Se produce una curiosa utilización del espacio en el bosque, durante la noche los animales consumen los frutos secos mientras que al clarear el día son personas con cesta y navaja las que se van a la búsqueda de las preciadas setas.

Con un mínimo de atención podremos descubrir los rastros y señales que los animales han dejado durante sus correrías nocturnas. Los indicios de su presencia son variados, desde pelos en las ramas bajas y troncos a huellas en lugares donde la tierra húmeda permite se marquen, pasando por frutos mordisqueados y excrementos. Es una experiencia muy interesante hacer esta labor detectivesca de interpretar las señales que la actividad de la fauna deja al alcance del observador atento.

Y para aquellos que quieran observar directamente los animales, nada mejor que esperar a que salgan del bosque a comer al atardecer. Con paciencia, silencio y la imprescindible dosis de suerte podremos ver algunos de los corzos y ciervos que abundan en la mayoría de los bosques araneses. Y en algunos lugares es posible escuchar la brama de los ciervos machos proclamando su presencia en un territorio determinado durante el mes de octubre.