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El jardín de los animales
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El invierno ha quedado atrás, se pueden comenzar los trabajos en los jardines una vez la nieve se ha retirado y no son esperables noches en exceso frías. Una decisión básica antes de adquirir las nuevas plantas a colocar alrededor de nuestra casa es pensar que tipo de jardín queremos ir creando. Hoy vamos a proponer algunas ideas para que el nuestro sea un espacio atractivo para multitud de especies animales, incluyendo pequeños mamíferos y aves. Una característica de este que llamaremos el jardín de los animales será que tenga una heterogeneidad espacial, es decir que incluya plantas y arbustos de alturas diferentes. La elección de las especies a plantar estará orientada a cubrir algunas necesidades básicas como son la posibilidad de ofrecer refugio y alimento. Como refugio son ideales árboles con troncos grandes y de follaje espeso así como matorrales densos y con espinas que ofrezcan protección a las aves y animales que lo necesiten, en muchos casos será donde instalaran sus nidos y madrigueras. El alimento es especialmente importante durante el otoño e invierno, por lo que la disponibilidad de frutos y bayas en estos momentos será una característica muy apreciada. Entre las opciones que pueden crecer correctamente en el valle de Aran y que requieren unos cuidados reducidos podemos citar entre los árboles al abedul (género Betula ), las diferentes especies de sauces (género Salix ), de serbales (género Sorbus ) y también de fresnos (género Fraxinus ). Todos ellos se adaptan bien a las condiciones del ecológicas del valle aunque será imprescindible tener cuidado de que los primeros años estén adecuadamente regados para que su desarrollo sea correcto. Son especies de crecimiento rápido y de hoja caduca, por lo que no nos impedirán disfrutar de las vistas desde nuestra vivienda durante el invierno. En cuanto a los arbustos, su mayor interés reside en la producción de frutos que servirán de alimento a las aves y animales durante el invierno, pero también son útiles para favorecer a distintas especies de insectos como abejas y mariposas durante su floración. Algunas opciones con buena aclimatación al valle son los saúcos (género Sambucus ), las madreselvas del género Lonicera , los acebos (género Ilex ) y todo el género Crataegus , que reciben una gran variedad de nombres entre los que podemos citar espino albar, acerolo o majuelo. Prácticamente todas estas especies están disponibles en un vivero o centro de jardinería en el que habitualmente adquiramos nuestras plantas. Se trata simplemente de buscar en las etiquetas especialmente el nombre latino, ya que suelen venir así identificados. Estas plantas ayudaran a que nuestro jardín tenga más vida, y a que además de disfrutar del color de las flores y hojas de las plantas tengamos más posibilidades de observar a los pájaros y animales que encontraran mejores condiciones para su supervivencia con nuestro gesto de seleccionar las especies vegetales más adecuadas para nuestro jardin de los animales . Mi pequeña historia natural
El Valle de Aran:El macizo de los Pirineos comprende un conjunto de regiones con distintas características geográficas y culturales. El valle de Aran tiene una superficie de 620 kilómetros cuadrados, con un 30% del territorio situado en alturas iguales o superiores a los 2000 metros y cimas que se acercan o superan los 3000 metros de altitud. Las montañas que enmarcan el valle suponen una barrera natural que afecta el clima y las comunicaciones, este hecho ha supuesto durante cientos de años un aislamiento entre el valle y las regiones limítrofes. Su peculiar situación, en la cara norte de la cadena, y condicionantes geográficos, con un aislamiento tradicional y dificultad en las comunicaciones, han sido factores determinantes en la historia, tradiciones y costumbres de sus habitantes. Como hecho más relevante podemos citar la existencia del aranés, una variante del gascón que se considera apareció como una mezcla entre el latín y una antigua lengua basca. El valle de Aran era apenas conocido por algunos viajeros con espíritu aventurero hasta la construcción del túnel en el año 1948. Ello supuso la conexión permanente por carretera con el resto de España, ya que la carretera que cruza el puerto de la Bonaigua permanece cerrada muchos días durante el invierno aun hoy en día debido a la nieve y el riesgo de aludes. El fenómeno del esquí ha cambiado radicalmente la economía del valle, que ha pasado con rapidez de una sociedad rural al mundo de los servicios. La estación de esquí de Baqueira-Beret se ha convertido en un destino muy popular en el invierno, y miles de esquiadores se concentran en sus pistas entre los meses de diciembre a abril. Pero cuando la nieve se funde al calor del sol de primavera, una explosión de vida inunda el valle de Aran y se transforma en un paraíso para el amante de la naturaleza. Para el aficionado a la botánica, los insectos o las aves, pero también para el excursionista que disfruta siguiendo las antiguas sendas que atraviesan los bosques y le llevan a los pasos más elevados, para cualquier persona cuya sensibilidad se despierta ante el paisaje de la montaña, el valle de Aran te llega al corazón. Debido a esta pasión por la naturaleza nos lanzamos a la aventura de restaurar un antiguo chalet de montaña, añadirle un segundo cuerpo de nueva construcción y establecer aquí nuestro hogar. El hotel Mauberme acoge a personas que comparten esta emoción por el descubrimiento de las múltiples bellezas y secretos que la vida esconde entre estas montañas. Su nombre rinde homenaje a una de las cimas emblemáticas de la cordillera, el pico del Mauberme que con sus 2808 metros es una magnífica atalaya sobre el Pirineo Central.
Descubriendo nuevas cimasJulio es un mes de montaña por excelencia. Por un lado las vacaciones se inician para un número importante de personas del ámbito de la enseñanza y por el otro las condiciones meteorológicas suelen ser favorables. Los días son largos y el tiempo generalmente bueno, aunque las excepciones no suelen faltar en el valle de Aran y hemos tenido algunos años con muchos días de lluvia. Los caminos están despejados hasta las colladas y picos que esperan al excursionista. Es conveniente, como siempre en la montaña, comenzar el día temprano y aprovechar las primeras horas, con temperaturas más frescas, para alcanzar altura. Todavía queda agua bajando por torrentes y arroyos para refrescarse y, para los que no tengan miedo al agua fría, un buen chapuzón en cualquier lago al regresar de la ascensión. Suele ocurrir que hay una serie de cimas o picos muy concurridos mientras que otros reciben pocas visitas. Nombres como Montarto, Saboredo, Ratera y Colomèrs (Gran Tuc i Creu), sin olvidar los Besiberris o el Molières son conocidos por todos y, al estar cercanos a refugios, de acceso relativamente cómodo. Pero siempre es interesante incluir alguna novedad en nuestras excursiones; posiblemente no son cimas tan emblemáticas pero tienen el encanto de una mayor tranquilidad y la sorpresa de descubrir panorámicas diferentes. Una recomendación es consultar una buena guía de montaña y elegir alguna ruta en macizos como la sierra de Vacanera, partiendo desde Bausen, en el entorno del Montlude desde Vilamós o en la sierra de Armèros saliendo desde la collada de Varradós. No queda ya nieve en ninguno de los pasos, y hemos de prever que si el día está despejado vamos a pasar bastantes horas caminando bajo el sol, por lo que un buen protector solar nos será de gran utilidad. La mayoría de estas montañas se han empleado tradicionalmente para el pastoreo, por lo que encontraremos más de una cabaña o borda a bastante altura. Hay muchas sendas y antiguos caminos que se utilizaban para subir y bajar el ganado a los pastos de verano. Mapa y brújula nos evitaran rodeos innecesarios, el calzado y el equipo adecuado para pasar un día en la montaña son de rigor. Es muy aconsejable ir provistos de un buen repelente de insectos para caminar con más tranquilidad. Las alturas no son especialmente relevantes, nos podemos mover entre los 2000 y los 2500 metros de altitud. Sin embargo el encanto del paisaje y la sensación de soledad son mucho más acusadas que cuando salimos desde la Restanca para encarar el Montarto o hacemos una parada para contemplar la fila de excursionistas que bajan desde la collada del Ratera en el circo de Colomèrs. El placer de caminar por la montaña no debería estar necesariamente ligado al hecho de seguir un camino muy trillado que nos lleve a un lugar muy popular, sino que se puede pasar un día excelente sin más que dejándonos llevar por la intuición de una cima desde la que descubrir una panorámica diferente. Mi pequeña historia naturalLa propuesta del hotel Mauberme para descubrir la naturaleza en el valle de AranLa base de nuestras operaciones son las instalaciones del hotel, inaugurado a finales de enero del año 2003 y que consta de diez habitaciones dobles y una suite. Con la calificación de tres estrellas dispone de los servicios exigibles para una estancia confortable y acogedora (ascensor, gimnasio, calefacción por suelo radiante, nórdicos de plumas en las camas, baños completos acabados en madera de pino de Flandes, cafetería y una gran salón con chimenea donde tomar un buen café mientras se comentan los descubrimientos de la jornada). Desde la terraza exterior se contempla el macizo de las Maladetas y el pico del Aneto, que con sus 3.404 metros es el techo de la cordillera. A partir de esta realidad se ofrecen itinerarios guiados para descubrir y observar algunas de las especies de animales y aves más interesantes que viven en esta parte de la península ibérica. No podemos olvidar que en el valle de Aran viven algunos de los últimos osos ( Ursus arctos ) del Pirineo, que comparten hábitat con otros mamíferos como el ciervo ( Cervus elaphus ), el corzo ( Capreolus capreolus ), el rebeco ( Rupicapra pyrenaica ), el jabalí ( Sus scrofa ), la marmota ( Marmota marmota ), la marta ( Martes martes ), el armiño ( Mustela erminea ) o el zorro ( Vulvas culpes ). Entre las aves más emblemáticas se pueden citar al quebrantahuesos ( Gypaëtus barbatus ), el urogallo ( Tetrao urogallus ), el águila real ( Aquila chrysaetos ), la perdiz nival ( Lagopus mutus ), el pito negro ( Dyocropus martius ), el pico mediano ( Dendrocopos medios ), el acentor alpino ( Prunella collaris ), el roquero rojo ( Monticola saxatilis ), el mirlo capiblanco ( Turdus torquatus ), el carbonero palustre ( Parus palustris ), el escribano montesino ( Emberiza cia ), el verderón serrano ( Serinus citrinella ) o las chovas piquirroja ( Pyrrhocorax pyrrhocorax ) y piquigualda ( Pyrrhocorax graculus ). También comparten hábitat una buena representación de reptiles, entre los que destaca una especie endémica de la región, la lagartija aranesa ( Lacerta aranica ), y anfibios, como distintas especie de tritones, ranas y salamadras. La duración y dificultad del itinerario se fijan de acuerdo con los intereses y capacidad de los naturalistas. No debemos olvidar que algunas de las especies citadas se encuentran a alturas importantes que requieren caminatas con desniveles acumulados entre los 500 y los 1000 metros. Las excursiones siguen sendas y caminos utilizados por montañeros y pastores, el objetivo es disfrutar de una agradable jornada de campo en la que combinar la experiencia de la montaña con el descubrimiento y observación de las distintas especies de animales y aves por cuyos territorios cruzaremos. Un hecho interesante en el valle de Aran es que se pueden recorrer distintos ecosistemas y ambientes en pocos días sin necesidad de hacer largos desplazamientos en vehículo. En todos los casos se proponen excursiones de medio día y de jornada completa, de forma que al regresar se pueda disfrutar de una buena ducha seguida de una cerveza o una copa de vino antes de la cena. En función del número de personas y de sus intereses se preparan las excursiones con antelación, requisito imprescindible para asegurar su mejor desarrollo. Como siempre que nos acercamos a la naturaleza, el éxito de nuestro itinerario está basado en un conocimiento previo del territorio y las costumbres de las especies que lo habitan, pero también de ese punto de suerte para encaminar nuestros pasos al lugar exacto donde sorprender esa escena que guardaremos como precioso recuerdo de nuestra visita. Detalles prácticosÉpoca : Los momentos más adecuados para realizar estas excursiones son la primavera (a partir de finales de mayo y hasta final de julio) y el otoño (entre mitad de septiembre y primeros de noviembre). Equipo necesario : Las recomendaciones básicas para los participantes son las mismas que para cualquier itinerario de montaña, buenas botas y vestido adecuado, una mochila con agua, comida y alguna pieza de ropa adicional (el chubasquero y unos guantes no deben faltar), así como unos prismáticos, repelente de insectos y protección solar. Reservas : Conjuntamente con la reserva de la habitación se debe confirmar la reserva para esta actividad, ya que las plazas son limitadas por su propia naturaleza Precios : Consultar sección Tarifas. Como llegar : El acceso al valle de Aran se realiza habitualmente por carretera, por la N-240 desde Lleida a través del túnel de Vielha, o bien desde Sort por la C-28 cruzando el puerto de la Bonaigua. Desde Francia se accede a partir de la salida en Montrejeau de la autopista A-64 (Pau-Toulouse) por la N-240 hasta Vielha. Existe la posibilidad de llegar en tren hasta Lléida y desde allí por carretera en coche de alquiler, autobús de la compañía Alsina Graells o con taxis que bajan desde el valle de Aran hasta la estación previa reserva de plaza. Estancia : El hotel Mauberme ofrece alojamiento y desayuno (buffet), para las cenas se recomiendan distintos restaurantes en el mismo pueblo de Salardú o en el vecino de Unha que son accesibles a menos de 10 minutos caminando. Los horarios de desayuno se adaptan a las necesidades de las excursiones, de forma que podamos salir del hotel después de un buen desayuno. Contacto : Directamente con los propietarios del hotel, Mari Àngels y Joaquin, en el teléfono 973.64.55.17, o por correo electrónico ( info@hotelmauberme.com ).
Cuento de Navidad
Los lectores más mayores recordaran los tiempos escolares donde el tema obligatorio de la redacción que debíamos entregar antes de marchar de vacaciones era la Navidad. Y muchos estarán de acuerdo en que el autor más conocido por su historia de este momento ha sido Charles Dickens, quién reflejó con crudeza pero también realismo la situación de penuria tan frecuente en el Londres de aquellos días. El tópico nos haría seguir por esta línea, pero podemos intentar ver las cosas desde una perspectiva diferente. El protagonista de nuestra historia es un pequeño mamífero de la familia de los Mustélidos, la comadreja (panquèra en aranés). Su nombre latino, Mustela nivalis , nos da alguna pista sobre sus hábitos. Es el más pequeño de los miembros de su familia, de color pardo canela en el dorso y blanco en la región ventral. Permanece activo durante todo el año, y no es infrecuente encontrar sus diminutas huellas sobre la nieve recién caída. Esta comadreja vive cerca del río Unhola, que es el escenario de sus correrías a la caza de ratones y pequeños pájaros, y tiene su madriguera cerca del puente. Cuando se acerca la Navidad su discreción aumenta, ya que el tráfico aumenta y no le gusta ser vista. El invierno es una estación donde el alimento escasea, muchos roedores lo pasan refugiados e hibernando mientras que numerosas especies de pájaros han abandonado el valle en busca de tierras más cálidas. Por eso nuestro amigo se considera muy afortunado al vivir en un entorno donde todavía quedan cuadras y corrales, siempre hay ratones cerca de ellos. Además los gorriones no dejan el valle y de vez en cuando puede capturar alguno en sus dormideros. Algunos naturalistas podrán tener dudas sobre lo que este animal ha aprendido, pero lo cierto es que conoce una casa donde la noche de Navidad siempre se prepara un excelente pavo al horno; y también ha descubierto que la pared del garaje tiene un orificio en una de sus esquinas bien cubierto por unas zarzas. Cada Navidad, después de la misa del gallo y una vez las luces se han apagado y los habitantes de la casa duermen, soñando con una nevada que dejará las pistas perfectas para la práctica de su deporte favorito, en ese momento de silencio, la comadreja entra en el garaje. De allí le resulta irresistible el perfume del asado, y su apetito de desborda. El perro de la casa ya conoce a nuestro amigo, él ha recibido un gran plato de huesos y restos de pavo que no ha terminado, aunque duerme a su lado para acabarlo cuando se despierte por la mañana. La comadreja se acerca sigilosa, el can abre los ojos y mueve la cola como saludo, son viejos conocidos aunque únicamente se ven un día al año. Con un salto se ha plantado en el borde del plato y sin dudarlo se lanza sobre un trozo de piel que conserva unos filamentos de carne, ¡qué bueno!. Come hasta que su tripa parece que va a explotar y después de acerca al perro y lame su hocico con agradecimiento. Todavía tiene fuerzas para llevarse un pedazo que le servirá para celebrar su día de Sant Esteve en el mirador entre las rocas. A veces la naturaleza olvida por unos momentos su crueldad y nos ofrece una cara más tierna y amable. Ojalá que muchas familias compartan parte de sus comidas de Navidad con otros seres que llevan una vida mucho más dura que nosotros.
Durmiendo bajo la nieve
Los canchales y pedrizas de la alta montaña pirenaica se mantienen cubiertos por la nieve durante gran parte del invierno. Las temperaturas son bajas, especialmente por las noches, y las ventiscas o turbonadas, frecuentes. En estas condiciones algunas especies de animales que habitan estas zonas han desarrollado estrategias vitales que les permiten escapar a los rigores de la estación. Y no se trata de marchar a zonas menos expuestas como hacen la mayoría de los grandes mamíferos de montaña, sino de excavar refugios subterráneos y pasar lo más duro del inverno simplemente,… ¡durmiendo! Es por ello que el montañero que, equipado con raquetas o esquís con pieles, asciende a los circos glaciares donde en verano era saludado por el grito de alarma de las marmotas ( Marmota marmota ), se encuentra con la ausencia de los roedores. Estos animales excavan galerías, siendo frecuente encontrar los nidos a profundidades entre los 4 y 5 metros, y todos los túneles están comunicados entre sí para poder escapar en caso de que un depredador entrase por alguna de las bocas. Cuando el invierno se acerca, las marmotas, que han acumulado una importante capa de grasa durante los meses de bonanza del verano, se esconden en lo más profundo de la galería para hibernar. El nido ha sido forrado con hierba y musgo y la marmota disminuye su actividad fisiológica; esto lo consiguen porque son capaces de regular mecanismos como la respiración, cuyo ritmo se reduce, la frecuencia del latido cardíaco (disminuye el número de palpitaciones) y, en general, llevan a cabo una desaceleración de los procesos metabólicos. El resultado de este ingenioso sistema es que la familia de marmotas pasa la mayor parte del invierno en un estado de reposo que los fisiólogos animales llaman hibernación y que, para el profano, simplemente significa que el animal está durmiendo. La nieve cubre los prados y permite proteger a las marmotas con una capa que aísla del frío pero que, al mismo tiempo, permite la presencia de aire en el interior de la madriguera. No olvidemos que aunque poco, la marmota sigue respirando durante este reposo invernal y es necesario que dispongan de la suficiente cantidad de oxígeno. Además de esta curiosidad en su biología, las marmotas que ocupan el territorio de la alta montaña en el valle de Aran tienen la peculiaridad de ser una especia cuya presencia en nuestras montañas es debida exclusivamente a la intervención humana. La marmota fue introducida en la vertiente francesa del Pirineo allá por los años 40, a finales de la década si mis informaciones son correctas. Y con su característica estrategia de la mayoría de los roedores, elevadas tasas de reproducción y capacidad de colonización, se ha extendido por casi toda la cordillera. Hoy en día se ha constatado su presencia desde el valle de Belagua (Navarra) en el Pirineo Occidental hasta los alrededores de Nuria (Girona) en su parte más Oriental.
Los pastos en veranoLas cumbres de las montañas aranesas ya han perdido la nieve que acumularon durante el invierno. Estamos en pleno verano, y algunas de las fuentes y arroyos que encontramos en nuestros recorridos hace pocas semanas ya no tienen agua. La floración ha terminado para la mayoría de las especies vegetales, que se afanan en engordar y madurar los frutos que contienen las semillas que les permitirán perpetuarse y volver a cubrir los prados de color la próxima primavera. Agosto es tiempo de insectos, su zumbido nos acompañará en nuestros paseos. La protección, en forma de spray, crema o barra, es casi obligatoria. No podemos olvidar la existencia de especies, por ejemplo los tábanos, plenamente diurnas y cuya picadura, más propiamente definida como mordedura, es bastante dolorosa. Es muy posible que en el curso de nuestras excursiones, sobre todo a partir de una determinada altura, más o menos los 2000 metros son una buena referencia, nos encontremos con grupos de vacas y caballos que pasan el verano en libertad en las montañas de Aran. Lugares clásicos son los llanos y laderas del Plan de Beret o las cercanías del Pòrt dera Bonaigua. El desarrollo del paisaje conocido como prados de alta montaña es un magnífico ejemplo del equilibrio alcanzado a través de prácticas seculares. Los caballos y las vacas y, hasta hace pocos años, también numerosas ovejas, se alimentan de la hierba que crece durante los meses que la montaña permanece sin nieve y las temperaturas son favorables. La “siega” que con sus dientes realizan estos herbívoros va modificando el tipo y la altura de las plantas que ocupan el suelo. Hay plantas que soportan mal esta práctica, y por ello no las encontraremos en los prados, mientras que otras se ven favorecidas y van ocupando una superficie cada vez mayor. Por otro lado, el ganado es una fuente insustituible de materia orgánica a partir de sus excrementos. Y ello contribuye a mejorar el equilibrio y la riqueza de los suelos de alta montaña, muy pobres generalmente en nutrientes. Esta combinación de ganadería y prados es hoy en día parte integral del paisaje aranés. Los terneros y potros que nacieron entre los meses de abril y mayo se muestran más independientes de sus madres, están ya habituados al trasiego de coches y personas y son una de las razones por las que el conductor debe detener su vehículo, dejar paso al ganado es regla que no admite excepciones en la montaña. Aprovechamos este espacio para formular dos peticiones a todos los que circulan por las pistas durante el verano. La primera es que la velocidad moderada permite evitar sustos y además se reduce la cantidad de polvo que levantamos. La segunda es que cuando nos encontremos con una valla o cerca en el camino no nos olvidemos de volverla a cerrar tras pasar. Su misión es impedir que el ganado suba o baje a determinadas zonas, por lo que un simple gesto ayudará a facilitar el trabajo de los pastores. Mi pequeña historia natural
El OtoñoEste pasado verano ha sido seco y caluroso, únicamente aliviado por la bajada de las temperaturas durante las noches y algunas precipitaciones ocasionales en forma de tormentas. Septiembre nos ha traído los primeros fríos del otoño y algunas lluvias importantes que aconsejaron desalojar algunos campings en la parte francesa del río Garona. La nieve hizo su aparición en las cumbres más altas (Montarto o Mauberme como ejemplos) entre los días siete y ocho. En las laderas menos soleadas los árboles de hoja caduca (abedules, serbales, robles, cerezos o avellanos) comenzaron a mostrar el cambio de estación con un marcado amarilleo de sus hojas. Estas señales son importantes para los amantes de la naturaleza. En el valle de Aran existen aficionados a las aves, seguidores de esa rama de la biología que se dedica al estudio de los pájaros y que denominamos ornitología. Los ornitólogos son aquellas personas que practican el deporte de la identificación y seguimiento de las diferentes especies, aunque sus amistades los conocen por otros nombres, por ejemplo ”pajareros”. Como cualquier otra afición, requiere un cierto entrenamiento y práctica al comienzo, y resulta muy útil comenzar al lado de personas con una cierta experiencia. Una de las mayores ventajas de la ornitología es la escasa inversión necesaria (un par de binoculares y una buena guía de campo nos costarán menos de 100 ¬ y, con un poco de suerte, nos duraran muchos años). Otro elemento nada desdeñable que juega a favor de ella es la posibilidad de practicarla es casi cualquier lugar, porque las aves forman parte de nuestro paisaje y se encuentran por todos los rincones que podemos visitar en el valle de Aran. Y por último es un entretenimiento que nos ayudará a salir al campo y mirar con ojos diferentes lo que pasa a nuestro alrededor. Para la persona que observa la naturaleza como un entretenimiento y una forma de ampliar el conocimiento del paisaje del lugar donde vive, las aves ofrecen muchos momentos y escenas interesantes. El otoño marca un cambio importante en la alta montaña, las temperaturas seguirán bajando y el alimento se hará muy escaso. Es por ello que bastantes de las especies que nos han acompañado durante los meses de primavera y verano se trasladan a lugares con condiciones más benignas. Este es el fenómeno de la migración, que se lleva a cabo de norte a sur durante el otoño y a la inversa en la primavera. De todas las aves que viven en el valle, algunas de las que tienen hábitos más fáciles de seguir son las golondrinas (Hirundo rustica es su nombre científico, arongles, aurongles o oronetes en aranés). Una característica de esta especie es su costumbre de agruparse en bandos para realizar las migraciones. Es frecuente observarlas posadas en los cables de teléfono o electricidad, cada vez en grupos más numerosos. La altura del sol sobre el horizonte marca el paso de las estaciones, y las golondrinas son capaces de entender el mensaje con claridad. Los bandos se hacen cada vez más numerosos hasta que sin darnos cuenta una mañana no las veremos más. Han iniciado un largo viaje hacia tierras africanas donde les espera un clima más suave con muchos insectos para alimentarse porque allí está llegando la primavera. Nos dejan para defenderse del invierno que se acerca, pero el frío y la nieve son inseparables del valle de Aran, no sería tan hermoso sin estas condiciones.
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