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En el 2004, Papillón, el último representante de los osos autóctonos, fue también tiroteado y murió. Ese mismo año, la osa Canelle fue abatida cuando defendía a uno de sus osos del ataque de los perros de los cazadores. En el 2007, Franska murió atropellada, y en la autopsia se descubrió que estaba llena de perdigones. Y no hace más de un mes, el oso Balou fue tiroteado en otra batida, y desde entonces sobrevive herido.
Finalmente, nadie sabe qué pasó exactamente con el encuentro entre la osa Hvala –probablemente embarazada– y el cazador de Les, pero se sabe que se produjo después de una cacería de jabalíes, y que la información dada a la prensa es, en el mejor de los casos, muy sesgada. Como dijo Depana en su comunicado, "la reciente agresión responde a una reacción propia de miedo del oso, y en ningún momento a un ataque gratuito, porque, si fuera el caso, el oso no habría provocado heridas leves al cazador".
Ciertamente, como muestran todos los informes de seguimiento, los osos del Pirineo no han representado ningún problema para el ser humano, y su contacto, inclusovisual, ha sido prácticamente nulo.
Muy al contrario, el oso percibe la presencia humana mucho antes que nosotros, y siempre huye del contacto. En Cantabria, donde hay alrededor de 130 osos, no existe ningún problema. Está claro, pues, que todo el jaleo mediático que han montado desde el Pirineo, convirtiendo al pobre ósbru en una especie de peligro para la humanidad, responde exclusivamente a los intereses de los lobbies de cazadores, auténticos enemigos de su presencia en la zona.
Desde que el oso volvió a los Pirineos, después de haber sido cazado sistemáticamente durante siglos, fue el objetivo de estos grupos de presión cuya actividad cinegética intenta patrimonializar toda la zona. No se trata de que el oso sea un problema, que no lo es. Se trata de que perciben los Pirineos como un coto cerrado de caza.
A partir de ahí, la excitación se dispara. Hablan de la pérdida de actividad ganadera, como si el oso tuviera algo que ver en el hecho de que muchos ganaderos han dejado de ordeñar vacas, para ordeñar al turismo, mucho más suculento en estos tiempos. Aseguran que no es compatible su presencia con la del ser humano, y venden una película que sólo se puede comprar en el mercado de la demagogia.
Nada de ello es cierto. Porque, como se ha demostrado en todos los países donde el oso convive con el hombre, desde Cantabria hasta Eslovenia, desde Francia hasta Italia, desde Bulgaria hasta Alemania, etcétera, este no ocasiona ningún tipo de problema. Al contrario, enriquece la biodiversidad de las zonas donde convive y, por ende, enriquece su patrimonio natural.
Sin embargo, en la Catalunya pirenaica algunos parecen haber enloquecido. Gritando todos a una, cual Manelic de la tierra alta, "que viene el oso", han conseguido que se inicie una persecución contra la pobre Hvala, que, además de no ser legal –como demuestran las denuncias en los tribunales, por parte de Depana y Avalón–, es paradigmática -el alma salvaje que aún llevamos dentro. ¿O alguien duda de que el ser salvaje es el ser humano?
Lo peor no es la histeria desatada, lo peor es que la Generalitat haga suya esa histeria. Y además, aprovechando el Pisuerga, los voceros del miedo aseguran que es el momento de sacar al oso del Pirineo. ¿Por qué no piden que también desaparezcan los excursionistas, especie que tiende a ponerse altamente nerviosa cuando topa con una jauría de cazadores? Porque hay algo que no podemos olvidar y es que el Pirineo es patrimonio de todos, y no sólo de los que se divierten matando animales. También lo es de los que amamos la vida.
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La magia del fuego
Enviado por: admin en Jueves, 18 Diciembre, 2008 - 02:05
Este mes de diciembre comienza el invierno y seguramente tendremos ocasión de disfrutar, bien en casa propia o ajena, de una agradable velada alrededor de un fuego de leña. Este elemento crea un ambiente particular, muchas veces nos vemos atraídos por el movimiento y sonido de las llamas de una forma especial y nos abstraemos de las personas que nos rodean mientras la memoria se activa. Entrar en una casa donde la chimenea se enciende habitualmente nos trae recuerdos a partir del olor que percibimos, no huelen lo mismo los lugares donde el fuego no se enciende habitualmente.
El recuerdo de las escenas vividas alrededor de un fuego es algo que las personas de este siglo vamos considerando como algo de un pasado ya lejano. Sin embargo ciertas fibras de nuestro interior se remueven cuando nos sentamos delante del fuego. Nuestros ancestros aprendieron a dominarlo y utilizarlo, elemento que tuvo un papel fundamental en el desarrollo y progresión de la especie humana. Los antropólogos nos explican como era aplicado para la defensa de las cuevas donde se refugiaban, pronto el hombre aprendió que los animales no se atrevían a atravesar las hogueras que ardían en su entrada. También calentaba, y esto facilitó la supervivencia en momentos donde las temperaturas eran bastante inferiores a las actuales, durante las diversas glaciaciones modernas. Su tercera aplicación fue en la alimentación, al inicio para asar la carne y algunos tubérculos y raíces, pero con la evolución técnica se crearon hornos, los más sencillos simplemente excavados en el suelo, que permitieron cocer el pan y otros alimentos.
Seguramente esta dependencia del fuego ha quedado grabada de forma indeleble en nuestros genes y podemos entender la magia y atracción que crea cuando nos acercamos a la hoguera junto a la tienda en la que pasaremos la noche. Las historias y leyendas que se han transmitido a lo largo de incontables generaciones se producían, en la mayoría de las ocasiones, junto al fuego. Los elementos de magia, superstición o brujería han tenido siempre el fuego presente.
Hoy en día la inmensa mayoría de los fuegos que encendemos en nuestros hogares tienen un propósito lúdico y decorativo, ya que la calefacción es parte integral de las comodidades modernas. Ocasionalmente lo utilizaremos para cocinar, carne o verduras a la brasa son las especialidades más populares.
Seguro que durante este invierno tendremos la oportunidad de escuchar el crepitar de la leña mientras las llamas saltan y se enroscan tratando de llamar nuestra atención. Dejarnos envolver por su misterio mientras los recuerdos afloran es una experiencia difícil de describir con palabras, hay que sentirla para poderlo entender. Los momentos vividos hace mucho tiempo se presentan de nuevo antes nosotros vívidamente, traídos por las llamas que iluminan esa parte de nuestro cerebro que parecía dormida. Cerrar los ojos y dejar que afluyan puede ser una experiencia que nos relaje y reconcilie con nosotros mismos.
Mi pequeña historia natural
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